martes, 9 de junio de 2009

Animarse a Cambiar...


A veces, sin darnos cuenta, vamos construyendo ciertos hábitos en la vida que, con el paso de tiempo, se van transformando en rutina. El mismo camino para ir al trabajo, la misma orden de compra en el supermercado, la misma clase en el gimnasio.

Si bien, muchas veces es bueno generarse un hábito como por ejemplo: concurrir con regularidad a una clase de gimnasia, mantener un horario dentro de la agenda para el entramineto, etc. Cuando el hábito se vuelve “rutina”, es necesario cambiar.

Cambiar. No es una palabra que les guste a todos. Tal vez, no es una palabra hecha para todos. O bien, no todos se le animan.
Cambiar genera cierta desconfianza, incertidumbre, temor y miedo a lo desconocido. Más vale malo conocido que bueno por conocer, dice un famoso dicho popular. Sin embargo, cambiar no debería verse de tan mala manera si se lo mira desde el punto de vista del “probar”, del “experimentar”, del “ver que pasa”, del “sentir la diferencia”, del “desafío” o del “tengo mucho por ganar”.

Hoy cambié de clase. Cambié para probar o probé para cambiar, como quieran mirarlo. Cuando uno está en la búsqueda de una clase “ideal”, de entrenamiento integral, que lo saque un poco de la rutina y lo motive para más, no queda otra alternativa que salir de lo que estaba haciendo para empezar a mirar más allá.
Cuando uno buscar cambiar vuelve a sentirse como si entrara por primera vez al gimnasio y examinara cual científico el cronograma de actividades. Uno vuelve a preguntarse qué quiere decir qué al mirar los nombres de cada clase ya que éstos se han vuelto cada vez más más ingeniosos pero menos ilustrativos y vuelve a elegir a que clase acudir dentroo del menú general de opciones.

Cuando uno asiste a una "nueva clase", se encuentra en territorio desconocido, virgen, hasta el momento no explorado. Las sensaciones de un principio son muchas, uno puede sentir como si estuviera viviendolo y viendolo todo desde afuera. Se siente más "out" que "in", pero cuando la música comienza y a medida que va pasando el tiempo, el principiante va adquiriendo más y más confianza.
En ese lapsus de “observador” uno analiza tanto el comportamiento de los asiduos (los habitués de la clase) como del profesor. Los que la “tienen clara” se ubican adelante, los que nos catalogamos como “nuevitos” en las filas de atrás. Sólo el profesor de formación y vocación sabrá identificar aquellas nuevas miradas y guiar técnica y psicológicamente al que recién está dando sus primeros pasos.

La contención e identificación del que recién empieza es fundamental para brindarle el marco necesario para una buena estadía, progreso y continuidad en el tiempo. Si lo quieren mantener en su clase, mejor guiénlo. Sin embargo, y muy a mi pesar, muchos son los profesores que, por la misma rutina y automaticidad de movimientos, llegan al salón de clases olvidándose las lecciones básicas de su primer año escolar: saludar, presentarse y ubicar a su antigua y su nueva gente.

Después de los 60 minutos de clase, el alumno llega a una conclusión. Generalmente, son dos opciones: vuelvo o no vuelvo. La elección de una o la otra dependerá en gran medida de su experiencia personal, de su sensación en relación al grupo, al profe, a la música y al tipo de ejercicios.

Vuelvo o no vuelvo… Si vuelvo, una clase ganó un alumnoSi no vuelvo, otra clase será objeto de prueba. Este es el proceso de cambio. No hay errores, ni fracasos, solo una búsqueda personal que nos lleve a un nuevo confort donde el beneficio sea mayor al costo y/o esfuerzo acordado. Búsqueda.

De esta experiencia personal saqué dos conclusiones:

Primero: Que bueno sería que los profesores de una clase sean quienes recomienden a sus alumnos la asistencia a otras. Ya sea por la música, por complementariedad de ejercicios o entrenamiento de diferentes partes del cuerpo (upper body o lower body). Más asistencia redundaría en más retención.

Y Segundo: Que bueno sería que todos los profesores identificaran a los principiantes y los “cuidaran” de tal manera de que el alumno sienta que “cambió para volver”, “que encontró lo que buscaba”, “que se ha vuelto a motivar”. Y que no se levante al día siguiente con un dolor muscular tan grande que lo invalide para el resto de la semana, solo porque el que lidera, no aconsejó: “vos, no hagas con peso hoy”.

Si a veces es dificil empezar una nueva clase para aquel que ya está trincheras adentro del gimnasio, imaginense lo que debe ser la experiencia del principiante principiante que recién está en las puertas de entrada del gimnasio: nuevito, nuevito... para estrenarlo!...uf.. ni pensarlo.!
Por favor, hagan del gimnasio, la mejor experiencia de sus vidas!

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